Aquí encontrarás información sobre mis proyectos en los que se entrelazan comida, música y relato. Este trabajo surge de muchos años de atención a cómo las cosas crecen, se preparan y se comparten. Cocinar, sentir el paso de las estaciones y estar en contacto con productores me ha enseñado que crear es siempre un acto relacional, moldeado tanto por la escucha como por la acción.
De niño, quería ser escritor. El lenguaje y la literatura han dado forma desde siempre a mi manera de percibir el mundo y, en paralelo a mis estudios musicales, me formé también como filólogo. Con el tiempo, estos caminos han ido convergiendo, hasta que componer, cocinar y contar historias se han convertido en distintas maneras de trabajar con los mismos materiales: el tiempo, la atención y la transformación.
La comida y la música pertenecen a dominios sensoriales distintos. En mis proyectos, ambas entran en diálogo a través de elementos que median entre ellas: la narración oral, la atmósfera del espacio, la composición visual, el ritmo de la velada, la estación del año y el lugar en el que se desarrolla la experiencia. La música se compone específicamente para cada plato o bocado, permitiendo que sonido y sabor se enmarquen y profundicen mutuamente. El relato actúa como el puente principal, entretejiendo emoción, memoria y significado, de modo que la música y la comida dejan de percibirse como vivencias separadas y se despliegan como un único gesto continuo.
Cuando estas condiciones se sostienen con cuidado, emerge una sinergia silenciosa. El gusto afina la escucha; el sonido transforma la percepción del sabor. La memoria, la emoción y la intimidad circulan libremente entre quienes se reúnen. Lo que toma forma es un espacio temporal de presencia y atención compartida, una pequeña comunidad en torno a una mesa, a un sonido, a una historia, donde la experiencia se ralentiza y puede ser compartida y saboreada, en lugar de consumida a toda prisa.